Dijeron que su arte no servía porque sólo sabía dibujar ilusiones ópticas. Lo que nunca entendieron, es que él pintaba su realidad. Y los ilusos eran los magos que recetan barbitúricos.
Sus pinturas aún permanecen por las sustancias que le fueron recetadas, y que en vez de tomarlas las mezcló con agua, azúcar y un tanto de contemplación.
Tal como lo hace usted al intentar ver algo. No se miran las imágenes porque todas las tritura su imaginación. Aguarde a la hora de la siesta, vendrán al convite de té y canelitas marinela mientras usted recita a Paganini y su otro yo ejecuta a Baudelaire.
El cuadro está subastado en mil sueños luz. ¿Quién da más?
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