Cuando las hormigas se cansaron de marchar, una detrás de la otra, en pos de una idea que todas perseguían pero no recordaban cuál era, se sentaron a hablar. De tal sesión no salieron acuerdos, pactos o nuevas religiones, sólamente cantos atávicos, himnos microscópicos que les ayudaron a resistir el calor telúrico de la tierra.
Biónica
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Hace 8 horas

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