Nueve y tantos. Hay en mi cama un extraño fulgor.
Me
siguen las rayas ígneas del Tigre. Me bañan las rayas ígneas del Tigre.
Me humectan, desenredan mis cabellos, se cuelgan en mi vestido melón,
se vuelven la brocha con la que pinto mis párpados. Me alimentan: me
nutre la fruta de las rayas ígneas del Tigre.
Alabado sea el Tigre que llega siempre desde su selva por Oriente. Alabado sea mayo, porque las rayas del Tigre llegaron a deshacer el letargo.
Biónica
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Hace 8 horas

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