Ánimas blancas, voces de mujeres hermanadas en el olvido. Ya no puedo con él, extiéndanme su bendición, una pócima para ya no soñarlo.
Se me está yendo el agua del cuerpo, la cara empieza a agrietarse, el corazón está enjuto. Adónde la selva, adónde las flores, adónde mi raíz... Eran calles, laberintos con olor a centro, a otro pueblo, por el que dejé a Aridoamérica. Era su casa, su cauce, el diálogo roto, esta informe existencia mitad maniaca, mitad sin hambre.
Ya no busco esperanza, sino quietud.
No más, no más. Una pócima para borrarlo, aunque se me borre la idea del amor.
Biónica
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Hace 8 horas

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