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sábado, 27 de abril de 2013

Foro de consulta

Emprendurismo, nuestro primer reich, las filas de sombreros descendiendo de un camión: que haya esperanzas en las palabras, litros de leche podrida para nutrir a nuestros hijos. ¿Podemos jugar..., sí? A ser razonables con el desecho, coser la muñequita rota y cantar aleluyas. 

Me habría asustado, puesto en posición de ataque, lista a romper los muros... ¿Hay caso de romper lo que ya está fragmentado?

En la finitud de nuestros corazones, átomos de una gran estrella solar, nos miré a todos y decidí cantarnos: hermano, te quiero, nos quiero. Jamás nos dejaré de querer. 


jueves, 25 de abril de 2013

Amado himno solar, bienvenida tu música. He abierto las puertas de mi corazón de par en par. Muéstrame el camino.

Escribo abiertamente te quiero y no le temo al mundo, más bien, lo perdono porque ellos no saben de nuestra abierta risa. Escribo te quiero y sé que esas palabras me acotan el alma. Por vez primera el lenguaje es lerdo, habría que pedirle auxilio a tu música. 

Sesenta días y ya traigo tu sinfonía adherida a mi alma.
Libre de mí y las cenizas y su erosión, se cierran al fin los ciclos. Esperé seis meses de silencio y al fin recuperé mi propia letra.

No más, Tigre. Extinguimos la selva.

Gracias por lo que me diste. No necesito recordarte lo que significaste aquí.

Que tengas siempre luz. Algún día pararemos a intercambiar las cartas de la vida.


Jacarandas instaladas a las siete con cuarenta y cuatro en mi cuarto.

Gracias por tantos besos de sol.

lunes, 22 de abril de 2013

Palabras de abril

Me gustaría decirles a todos los que conforman mi vida (en todos los aspectos) que no hay mejor regalo para mí que la verdad. No dejaré de amarlos, soy una imperfecta con ganas de construir los días sobre la sinceridad. El mundo brillaría a su ritmo si la verdad fluyera y los prejuicios se liberaran.

Aprovecho también para decirles a mis compañeros de trabajo que el respeto debería trascender a los rencores. Y que, por todos los cielos, dejen de pensar que la solidaridad es igual a idiotez. 

Igualmente me gustaría avisarle al mundo que no dejo de pensarlo libre, porque precisamente lucho para que al menos en mi cuadrante así sea. A sus ofensores, que ya no tengo nada qué odiarles: el perdón llegó de la mano de la música y la poesía.

A los gobernantes y representantes de los otros dos poderes no tengo nada que decirles, porque no merecen mi consideración. Quizá cuando dejen de serlo, hablemos. 

Y ya para cerrar, quisiera decirle a Dios, que todos los días le agradezco mis manos y mi boca, porque puedo crear y decir las cosas que alivian y embellecen mi alma.

Adiós, Librería Zaragoza

Hace unos días cerró la última librería mítica de Saltillo: la Librería Zaragoza. Lloré cuando me enteré de la noticia, quizá porque sentí que perdía un referente de mi infancia y mi juventud, o quizá porque comprendí al fin que a mi ciudad y su gobierno no les interesa en lo más mínimo preservar la cultura. Si hubiera sido lo contrario, seguramente la librería habría contado con algún subsidio estatal (finalmente, también es una empresa) para asegurar que la distribución de libros y cultura en la ciudad estaba a salvo. De lo contrario, la gente no la habría olvidado (no todo es cuestión de dinero: en Saltillo abunda la apatía por la trascendencia verdadera).

No se trataba, como seguramente sus integrantes comprendieron, de erigirse en un templo de textos universitarios y escolares para mantener la capilla adonde centenares de saltillenses acudimos cuando quisimos abrevar conocimiento. Se trataba, en todo caso, de preservar sus muros y su reducido espacio en aras de ofrecer los libros que librerías como la Educal y la Carlos Monsiváis, por más que lo intenten, no lograrán dar, dado el perfil comercial y su estricto apego a las nuevas e insulsas tendencias editoriales de España y México: en esas librerías, Góngora y Cervantes están en el olvido. Lo que persisten son los best sellers y lo que las mismas editoriales se malempeñan en vender como promesas futuras de las literaturas mexicana e iberoamericana.

No he querido pasar por la calle donde estaba. Estoy segura que si lo hago, sería la primera vez que logre llorar en público. Ni siquiera tuve tiempo de ir a despedirme de ella, de sus encargados (jamás olvidaré las tardes en que me reía con uno de ellos por su facilidad de ponerle apodos a los juristas: Mario de la Hueva, Ignacio Burgués; tampoco olvidaré cómo fue madurando mi atracción hacia el más joven de ellos -era una huerca cuando quedé impactada por su collar de cuero y su seriedad- hacia un cariño fraterno: atestiguó mi paso por tres carreras y, callado, jamás cuestionó mi locura por estudiar metafísica o filosofía; mucho menos olvidaré a su gerente, el viejito más avispado del mundo, lector incansable e insurrecto por antonomasia).

Decir que fue una injusticia es una necedad: el tiempo hizo de las suyas, como seguramente lo hará con otras cosas de entrañable manufactura cultural. Perder a la Librería Zaragoza es, para mí, como haber perdido el brazo con el que estaba segura algún día escribiría mi adolescencia (¿tengo qué explicar que mi juventud fue una amalgama de literatura rusa y corrientes socialdemocráticas en libros del Colegio de México?). Son de esas cosas que en verdad no le perdono a la ciudad.

Pero eso a la ciudad no le importa.

Urge que el gobierno revire y establezca medidas certeras para evitar la institucionalización del saber y mejor fomente su pluralidad mediante un apoyo sustancial (hablo en materia de sostenibilidad económica) a quienes hacen del oficio librero una labor social y  cultural.

Tampoco creo que le importe.

viernes, 12 de abril de 2013

Sobre el relato del mundo

El famoso relato del mundo comienza aclarando que su origen fue la poesía, pero a estas alturas le da lo mismo que lo confundan con la biblia, El Quijote, el Talmud, Nabucco y similares. Las teorías lingüistas y las antropológicas le causan sopor.

Trae los fonemas a flor de piel. En últimos días se encuentra frustrado por la imposibilidad de cantarlos, sólo tiene escenario cuando las llantas y el asfalto rozan sus pieles para formar una melodía de madrugada, o cuando los trenes (los restantes) pasan y se quejan muy quedito de las inequidades del espíritu del hombre.

El famoso relato del mundo nada tiene que ver con los cómics o las series animadas japonesas. No le debe a nadie derechos de autoría porque, en realidad, él nos tiene a todos comiendo de su mano: de terminar tajantemente el capítulo XXI de la segunda parte, nos caería la inexistencia: habiendo cero mentes para pensar a las restantes, el relato del mundo se autoextinguiría como las serpientes que se devoraban a sí mismas en los dibujos antiguos. Y otra vez el silencio primigenio, Hera resguardando su granada para tiempos futuros. 

El famoso relato del mundo se asusta con las notas de periódico. Procura cerrar los ojos ante las ofensas proferidas a los niños, pues su naturaleza es proclive a la furia y puede llegar a escribir hecatombes y plagas. El famoso relato del mundo es asexuado, un día se pinta los labios de carmín en latitudes calurosas y al día siguiente porta su traje azul en otras, despistando a los ejércitos de la autosuficiencia humana. El relato del mundo se ríe de las enciclopedias y piensa que los héroes registrados de cada civilización no poseen un ápice del sentido de las leyes cósmicas. 

El famoso relato del mundo es el primero en burlarse de la fama, se esconde entre las huellas dactilares de las mujeres y los hombres amantes, únicos capaces de entender la razón última de seguir escribiendo la vida.


Triunfo

Cruz Azul campeón, Miguel. Tú sigues teniendo cincuenta y tres y por nuestro equipo ya pasaron quince años desde el triunfo anterior (¿recuerdas? Mundo y tú fumando en el porche tras la victoria).

Ya sé que donde estás no tienes motivos de rabia o inmensa alegría, es un simple ejercicio para soltar la mano en prosa. Es un simple ejercicio para homenajear tu otrora naturaleza humana, me repito, y luego cierro los ojos y me voy a dormir.

miércoles, 10 de abril de 2013

La lealtad comienza por uno mismo: tarde o temprano, la verdad aflora entre la carne, la oración y la circunstancia. La justicia comienza al darse de beber la vida uno mismo para luego asegurarse que jamás hemos de tomar menos o más del vino divino. La libertad se instala al volver a ser el origen de uno mismo; luego, el territorio a conquistar será el cuerpo, después, la inteligencia. El corazón siempre es libre, son los prejuicios los que creen hacer creer lo contrario. El amor inicia con el reconocimiento de la grandeza individual y toma su cauce al reconocer con los brazos abertos la grandeza del otro: la demostración en la materia puede ser fundamental, pero es esencial primero hacer conciente el estado de amor dentro del corazón. Así, nadie sufriría por imposibles y pretéritos o subjuntivos. El respeto es trabajar todos los días por darle armonía a tus hijos (los tengas propios o no), pues lamentable será que envejezcas y sepas que lo único que has engendrado es el fango dentro del irreparable caos. La paz es relativa y tiene que ver con las estrellas.

viernes, 5 de abril de 2013

En el libro del sándalo escribí que todos los dioses hoy jueves se volvieron consumistas, que las huellas del viento escriben un solo nombre, que estoy cansada del momentum y desearía un palacio para mí, un corazón nuevo sólo para mí, hojas y ojos limpios para mí, pastillas contra el furor, la cefalea y el afán de cortarse las venas con galletas de animalitos, un cerebro más relajado y más amante de este páramo ocre que a últimas fechas se vistió de color porque mi alma (la muy desgraciada no avisó) de nuevo está enamorada.

lunes, 18 de marzo de 2013

Ojalá que llovieras perfume blanco antes de la caída, piano.

Ojalá me equivoque y no sea necesario el kit contra el dolor a posteriori.
Era la llamada de Dios una jungla. Algo de mí se arranca de las pieles de mil almas hipersensibles habitando este mundo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Betsabée Romero en Saltillo

Conocí la visión de Betsabée Romero hace cinco años y me cambió la mía. 

Hoy, la noche se conjugó a mi favor para ver sus ojos, escuchar la canción fundacional de su obra, ver esos rojos y fucsias y ocres plasmados en este páramo donde antes nada pasaba, salvo el tiempo. Conocer en persona a uno de mis referentes femeninos ha sido un poema entre la vorágine.

Gracias, Vida. Gracias a Betsabée por no claudicar ante lo efímero y lo estúpido. Y gracias a Alfredo de Stefano por ser el conductor de este regalo. 


martes, 26 de febrero de 2013

A las cinco de la tarde, los cerros violáceos que rodean esta suerte de mugre y tiempo, carne y abuso llamada mi ciudad nos legan sus lascas arrancadas con las garras del viento, del norte que le dicen los viejos. Jamás llegan en trozos grandes: por efectos de lo que quizá corresponda a una sublimación celeste, las lascas efectúan una danza de siete velos hasta llegar a los hombres hechos polvo con olor de hormiga hembra dispuesta a tensar la piel con su beso anaranjado.

Y como es polvo de hembra, a las cinco de la tarde los cerros violáceos palpitan de poro en poro una mezcla de deseo y abandono que en el mejor de los casos sabrá a añoranza. Los hombres lo perciben como la esencia de un sexo complacido. Las mujeres, si están felices, como la esperanza; si están tristes, como la infancia a la que no se puede volver.

Todo esto me decía el viento, cuando bajó cargado de epístolas para el mundo.

De pronto, sentí la añoranza más grande de mi vida.


sábado, 23 de febrero de 2013

Ánimas blancas, voces de mujeres hermanadas en el olvido. Ya no puedo con él, extiéndanme su bendición, una pócima para ya no soñarlo.

Se me está yendo el agua del cuerpo, la cara empieza a agrietarse, el corazón está enjuto. Adónde la selva, adónde las flores, adónde mi raíz... Eran calles, laberintos con olor a centro, a otro pueblo, por el que dejé a Aridoamérica. Era su casa, su cauce, el diálogo roto, esta informe existencia mitad maniaca, mitad sin hambre.

Ya no busco esperanza, sino quietud.

No más, no más. Una pócima para borrarlo, aunque se me borre la idea del amor.


lunes, 11 de febrero de 2013

Retorno a los 22

La tierra del salto corto entre la polvareda. Torres de polvo erigiéndose a la redonda. Sinfonía de peces muertos abriendo las puertas del recuerdo, la grieta del indio desplazado, otro día para pensar en el hocico del hombre frente al designio del desierto: no más cabida aquí, esta tierra se terminó.

Los centros comerciales en pie, los castillos educativos a la vista.

Hoy la ciudad está como para caerse de inercia y yo tengo la sangre cálida palpitándome los labios.

sábado, 9 de febrero de 2013

Añoranza de la aritmética

Y después de trece años, me di el lujo de hacer una siesta de cinco horas. El problema es que no sé qué hacer con tanta noche.

sábado, 2 de febrero de 2013

Primavera de Praga

El músico inconmensurable en sus notas, el músico entregando el corazón del universo, recién tomado por sus manos. 

La primavera de Praga arribó a su piel otra vez, como cuando ella tenía veintidós y cuarenta y cuatro sueños por realizar, el pelo rojo hasta la cintura, los pies ardiéndole el destino. 

Ocho años y la primavera devino estío: las flores de su cuerpo relatan cómo logró escribir la vida en vez de ser escrita por ella (y entre sus notas está la de no permitir jamás que muera la revelación de aquella estación sublime). Esa noche, volvió a enamorarse de la vida.

Si las letras tienen el poder de traer al presente lo no real y lo pasado, la música posee la gracia de perpetuar la anagnórisis personal de los elegidos, pensó, al tiempo que se oían los decibeles eternos del gra músico. Todos deberian tener una primavera de Praga en algún momento...




Para mi amigo Timo, por ser parte del viaje

miércoles, 30 de enero de 2013

Todos al morir recibimos una parcela de estrellas: sólamente así, la vida puede continuar más allá de la muerte. 

miércoles, 16 de enero de 2013

Leo a T.S. Eliot. Te transcribo, T.S. Eliot. Porque no cabe en mí la algarabía de escuchar el sonido al sonreír la luz. Porque mis dedos son felices al sentir la música de tu danza poética. Porque no concibo que hayas sido capaz de escribir lo melifluo del mundo a través de la lengua que más odio hablar, la más cruel por pertenecerle a hombres inteligentísimos y crueles. El descubrimiento de las traducciones de Paz me habían dejado el prólogo del gozo, pero ahora que he encontrado este pequeño libro español, esta edición bilingüe donde están el pájaro y el jardín de rosas, el tiempo y la lluvia, no quepo de alegría. 

Me quitaría el corazón de enero para lavártelo y enviártelo a tu ciudad favorita, T.S. Eliot. Aquí únicamente se puede reclamar, por ahora,al infortunio de cantarte a ti, a tantos segundos de haber muerto. 

Palabra exacta

A las seis de la tarde, el escritor de mediana edad y media beca estaba replegado en el universo de las palabras de una librería. Nadie podría salvarlo de la mudez de su lengua, su dedo índice y pulgar, excepto aquellas, ya muertas, de los autores que yacían en cajas de escritura de formas y estilos variados. 

A las seis de la tarde, el escritor de mediana edad y media beca, libreta de moda y pluma bic en mano, escuchó de pronto un crujido naciendo debajo de los niveles del sonido. Si los descubridores del ADN, físicos relegados a estampitas de papelería esquinera la hubieran visto, probablemente habrían creado y comprobado la teoría de que la lengua es inherente al hombre desde su nacimiento y por lo tanto, también en su caída: signos en negro colocados verticalmente uno encima del otro aparecían como el holograma primigenio a través del cual algún alienígena de inteligencia superior sembró la inteligencia en el hombre. 

Caminó lenta, parsimoniosamente entre los libros. La palabra ufana de sí diseminaba fonemas de autarquía. 

A las seis de la tarde, el escritor de mediana edad y media beca, saliva deslizándose desde la compuerta bucal abierta, observó cómo la palabra ufana de sí trepó sus pantalones verde olivo hasta la rodilla, para inspeccionar cuidadosamente, y no sin cierta resignación, su nueva casa. 

A las seis de la tarde, el escritor de mediana edad y media beca tenía ya la palabra justa en su otrora hoja blanca. 

-¿Pero qué haces? -dijo a las seis de la tarde el escritor de mediana edad y media beca, la ceja arqueada. 

-He venido en tu auxilio. Soy la palabra que buscabas, la única, la exacta. 

-¿Y quién te ha dicho que te buscaba a ti? 

-Las palabras, cuando ocurre el silencio, son como los amantes: se aceptan a cambio de la elongación del paraíso; se quieren a cambio del fin de la soledad. Y jamás hay pero que valga, porque en el lenguaje y en el amor, lo pronunciado y lo amado es lo que debió ser, aunque el que hable y ame no esté de acuerdo con ello. 

-Llamaré a tu campo semántico para que vuelvas. No requiero tu compañía -dijeron los dientes amarillos a la palabra ufana de sí misma, la voluptuosidad de su caligrafía de origen recostada entre dos líneas perfectamente trazadas. 

-Si lo haces, mi campo semántico se pondrá en huelga. Y no sólamente tú quedarás vacío de palabras para tu página, el resto de los hombres olvidará la porción de memoria dibujada gracias a nosotras. 

-Lárgate. 

Y de un soplo, a las seis de la tarde, el escritor de mediana edad y media beca retiró la palabra ufana de sí misma, y como un embudo la libreta se absorbió en el aire junto con la incapacidad del hombre de enunciar cotidianamente una sensación, un pensamiento o un deseo: frío impalpable erigiendo reinos dentro mío, oro de astro tocase mi alma al caer mi hora. 

Alivio del escritor de ojos profundos y novela entre las manos.

La gente comenzó a aplaudir el nuevo ritmo del inventor de estadíos al escucharlo: ¡Alegría del oído masivo sobre el atardecer! Las seis de la tarde, ¿o las diez de la mañana? 

Miedo, estupor, tiempo, angustia, desesperanza y agenda; psicoanálisis, fama, poder, banalidad, vértigo y hastío fueron desterradas aquella tarde, junto a estulticia.


jueves, 10 de enero de 2013

Manifiesto

Yo no quiero escribir un cuento nada más porque no sé decir "miedo al mármol" y obsesionarme con la trascendencia, ni quiero escribir una novela con trozos de mi cara sólamente porque debo comprar una nueva para poder ser ampliamente reconocida. Tampoco pienso publicar más cuentos aquí porque el amor, a pesar de ser amor, no perdona el plagio. No pienso escribir para congraciarme con nadie más, porque escribir es lo único libre que este mundo en el que nací me ha dado. Y no pienso enajenar mi privilegio, a pesar de que un día tal vez me venza la artritis y tenga que cantar las palabras al aire (y me dará lo mismo: el aire y el papel van al mismo lugar llamado memoria de la vida).

Para Ana

Leo noticias trágicas ocurridas en la India (un camión se volcó dejando varios muertos) y realmente no me conmueve. Quiero decir, no tanto como el hecho de que Ana no haya tenido sus quince años en un lugar mejor que el tutelar. No tanto como el hecho de que no me pasaron a la niña para decirle que la vida no es un carnaval (y jamás siquiera podrá ser una burda copia de él), pero lo cierto es que tener útero y vagina, estrógenos y una sociedad por delante donde cambiar ideas a través del conocimieto, es un regalo natural que por algún motivo nos merecimos por derecho propio (o de nuestras antiguas madres).

En realidad no sé qué tan efectivo habría sido hablar con ella, ya se sabe que las palabras, después de tanto tiempo de ser usadas, no tienen la fuerza primigenia que tuvieron al inicio de los tiempos, cuando el hombre decía "sol" y era Amor lo que estaba llamando.

Leo noticias trágicas lejanas. Sueño que Ana festejará sus quince primaveras aunque sea en este agosto.

Colágeno natural

Alto. La piel magra se arranca en estos momentos. Paren las prensas, los ojos tuertos y los enternecidos dirijan su mirada hacia otro punto del mundo. Aquí sólamente la piel mudando, la dicha tocando la puerta. La cuarentena ha fenecido, que otros vengan a recoger ternura en las calles. 

No, no hay motivo. No hay paraísos, selvas, playas, trenes. No hay risas fingidas en el congelador por temporada baja ni clichés de año nuevo porque para empezar no entiendo el tiempo. Únicamente hay introspección, una larga lista de libros vividos y noches para pensar la existencia. 

Los treinta me han convertido en la mujer más hermosa de mi propio personaje, soy la voluptuosa que mi inteligencia de los diecinueve jamás me habría permitido ser. Soy la inteligencia que se permite criticar sin mortificarse por las conclusiones. El mundo se equivoca, yo tuve la oportunidad de hacerlo y ahora me reivindico. 

Deténgase la tristeza prolongada. El vestido está pasado de moda (confieso que amo comprar vestidos, tanto o más que coleccionar corazones amados). 





martes, 8 de enero de 2013

Lección ___

Fluir, sólo fluir. Palabra fácil para un anacoreta, un yogui. Para mí, un reto.

Fluir, ver el anverso de la mano y entender que las líneas son los ríos. Acomodarse silenciosamente en ellos hasta aprenderse sus nombres y saber cantarlos con amor y respeto, siempre fluyendo.

Fluir, acaso haya sido el primer verbo olvidado en el mar por el hombre moderno, el de la agenda, el perdido en la segmentación del tiempo, la escala para medir los valores que al final no importan tanto.

Fluir. Después, agradecer. Ya la vida es otra.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Que treinta años no son nada...

Abrí los ojos: la humedad cesaba y un mundo de sonidos, texturas, colores y sabores me rodearían para tejer mi memoria, que me acompaña desde los once meses. Desde entonces procuro tejer, una noche sí y la otra también, alguna imagen para vestir los días futuros. 

¡Llegué a la década de los treinta, amigos! Muchísimas gracias por tantas felicitaciones, abrazos y bendiciones para este día. Agradezco a todas las personas que me han acompañado y moldeado de alguna manera con sus enseñanzas, su paso por mi vida, su amor, su paciencia (demasiada paciencia), su alegría, su presencia.

Al tiempo, le agradezco el haberme permitido ser yo (o una buena parte de mí) en la década que se acaba de ir y le pido lo de siempre: amor, alegría y saber agradecer lo que la vida me vaya presentando, y claro, mucha literatura y mucho arte.

Por mi parte, procuraré construir recuerdos buenos para llegar a los cuarenta.

Les mando un abrazo cálido con todo mi amor, gracias por existir.