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sábado, 29 de mayo de 2010

Música personal

La parsimonia de la primavera extiende su aliento y me regala algo que no he pedido, pero que acepto de buena gana, porque vivo de ello.

Hay cosas que no se pueden hacer en cuentos; ocurre lo mismo con otras cosas y la poesía.

Y existen aquéllas que ni siquiera se pueden escribir a la perfección porque resulta que hay algo aún más trascendental en el hecho que la palabra no alcanza a definir. Música personal dirigida a los oídos del plasma celular, pudiera ser.

Gracias a los que formaron parte de mi mes de mayo. Veamos cómo nos va en junio.

lunes, 24 de mayo de 2010

Ojos huesudos

Los 27 quizá no se noten en el espejo. Pero este fin de semana cómo se me cargaron en las rodillas.

Creo que sólamente así podía percatarme de su existencia (después de 18 años de no tomarlas en cuenta). Casi nadie les presta atención, y en realidad son como los ojos huesudos de nuestros cuerpos: te llevan a donde debes estar (o las obligas a que lo hagan, aunque insistan en dar la media vuelta para ir a otros lugares). Se hincan por amor, se levatan por orgullo. Coordinan el baile de las piernas por gusto y se sientan por necesidad de recuperar el barco.

Este sábado me caí, y creo haber reconocido que ellas son las mártires de mi ciclónico carácter. Podría hacerles un réquiem, pero basta con que les escriba esto: las rodillas no leen, sienten y lloran igual que los ojos de la cara.

viernes, 14 de mayo de 2010

Orquesta marina

En el cielo hay tambores africanos colocados junto a las estrellas. Algo raro se oye: es un "alguien" danzando para que se desborde el jarro de la cual beberá toda una orquesta marina.

La lluvia de la noche siempre me ha parecido una orquesta marina. El viento soplando agua parece una ola que viene desde muy lejos. Todo queda lejos desde aquí, el paraíso non sense de mi ciudad. Y ni los serafines empapados ni sus cornetas anegadas cambian la sensación de estar protegido por alguna musa o diosa que canta bajito canciones de cuna para obviar el miedo insensato que nos envuelve cada dos o tres horas por semana.

Repito: toda soledad, todo ahogamiento, toda frustración, toda culpa y todo miedo se beatifican con la lluvia nocturna del mes de mayo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Fotorama

Algún día sabré por qué Procol Harum con su "A whiter shade of pale" me suena (o más bien, me retumba) como un taladro entre las ropas de la primavera. Nostalgia, le dirían los románticos. Añoranza, los cursis. Fotorama del álbum de boda mis padres que nunca vi porque ellos jamás tuvieron uno le digo yo. Ese sepia que nunca viví porque mi infancia ocurrió entre tonos pasteles y sin embargo a mí me regalaron siempre ese matiz: café, beige, almendra. Tierra blanda a punto de secarse y tierra seca a punto de caerse como meteoritos locales y lugareños.

Me disgustan las tardes en las que se resquebrajan los planes: soy capricornio (o simplemente caprichosa). Será que el vacío de los horarios muertos la acercan a una con aquello que precisamente no quieres meditar, oler o mirar porque sabes que te falta y no puedes hacer nada para remediarlo.

El calor me invitaba a pasearme las piernas, pero hoy tiré mi antifaz de la temeraria de todos los días: no me gustó la idea de participar sola de la tarde que tira flores donde yo no pude estar. No me quedó de otra que abrirle la puerta a mis vacíos.

Escuchar huecos arrastrados desde la infancia no es divertido. Siempre es la misma soledad. Los amigos a medias, las condiciones de la amistad como entre azul y buenas noches: cuando se están cercanos físicamente, los amigos nunca atienden al llamado lacónico de mi debilidad; y cuando están algo (dije "algo", no "totalmente") atentos a mi silencioso llamado de solitaria freak, resulta que están muy lejos.

Me siento distante, fatigada: la primavera en mayo, vista así, palmo a palmo, es una hendidura en el pie izquierdo del que tanto me jacto.

domingo, 2 de mayo de 2010

"a.B / d.B" en el suplemento Guardagujas


Chéquense el link del suplemento mensual de la revista Guardagujas de "La Jornada" de Aguascalientes, cuyo número 10 (pero convertido en "number nine") está dedicado a los Fab-Four.

Busquen la página 7 y descubran por qué el a.B / d.B:

http://www.lajornadaaguascalientes.com.mx/guardagujas/wp-content/PDF/10.pdf

sábado, 1 de mayo de 2010

LA CATAFIXIA

¿QUÉ PASÓ, CUATE? ¡TEN PIEDAD de mí! Soy un hombre viejo: mírame.


—Más bien, te escucho: das lástima.


El viejo mira sudoroso a su alrededor: el escenario es el de cada domingo, con las mismas puertas y los mismos pisos. Lo único que cambia, acaso, es el silencio que sustituye al bullicio dominical del público y la ausencia de esas calurosas lámparas fomentadoras de migraña y las cámaras sin encender.

El corazón se le quiso salir del short de tirantes y la camisa floreada cuando miró que el joven abría una de esas tres puertas, pasadizos mágicos para las amas de casa y los niños que ganan premios cuando las leyes de la lógica y la probabilidad están de su lado.


—¡No! ¿Qué estás tramando? —dijo el viejo mientras buscaba la mirada del hombre rollizo que le anudaba el cuerpo con una soga.


—¿No lo ves? Te voy a emparedar —respondió parsimoniosamente mientras seguía amarrando al viejo. —“Adiós supermán, bye, bye, bye, bye…” —continuó cantando.


—Debe haber alguna forma de arreglar esto: no sé, con un trabajo. Dinero… ¡Sí, eso: dinero! ¿Cuánto vale toda esta locura? Puedo darte lo que quieras, sólo es cuestión de…


—¿Cambiar tu vida por la catafixia?


XAVIER LÓPEZ “CHABELO” ES HALLADO muerto. Tras cinco días de búsqueda, al fin fue encontrado el actor y conductor del programa “En familia”, lamentablemente ya sin vida en las locaciones del foro dos de Televisa San Ángel en lo que se presume fue un emparedamiento.

Según los informes de la PGR, el cadáver del actor presentaba rastros de asfixia en la cara y en el cuello, así como algunas quemaduras de primer grado en brazos y piernas, por lo que sospechan que se haya tratado de un asalto por un principiante.


El cuerpo del actor será sometido a una rigurosa autopsia al término de la cual será trasladado a las capillas funerarias Lomas Memorial, donde ya lo esperan miles de fanáticos, compañeros de la ANDA, su esposa y sus hijos.


Un shock nacional ha causado la muerte de…



APAGASTE EL TELEVISOR. ¡QUÉ bueno es estar rodeado de las gentes que de veras sí son gentes!, dices mientras abres una lata de cerveza. Tu enorme panza no te impide hallar tu celular que suena desde hace medio minuto. Es Ramírez, dices, aliviado, y contestas.


“¡Acabamos con el Chabuelo! Te sacaste un diez, cabrón, tu plan ha sido perfecto: sobornar a media PGR para que den ese informe oficial (y darte a la tarea de hallar a todos los deudores infantiles del viejo) no tiene madre. ¿Qué se va a hacer, a dónde vamos a festejar?”. La voz de Ramírez ya suena borracha.


A ningún lado, es muy noche, le dices y cuelgas. Te desplomas en tu sillón viejo, el de Muebles Troncoso, el que te heredó tu madre, el que se ganó en aquel concurso de En Familia, justo el día en que tú…


Un grito desde las entrañas inunda todos los oídos del edificio donde vives.



ESTÁS SUDANDO. PRONTO VAS A ENTRAR a escena. Tantos miles de mexicanos que te verán hoy por la televisión. Ojalá Raquelita te esté viendo, tú le dijiste que el domingo serías famoso. Y aquí estás. Tu mamá se empeñó en mandarte cortar el pelo y ahora pareces un polivoz en chiquito. Y esa camisa tipo Polo nomás no te acaba de gustar. Para colmo, los pantalones te quedan apretados.


Es la hora: el Señor Aguilera te ha presentado en el concurso y tú brincas feliz de estar en cadena nacional al ritmo de tus tetas tambaleantes. No te habrías dado cuenta de que tienes tetas de no ser porque el señor de overol corto se ha empezado a reír de ti.


Por quinientos puntos: ¿cómo se llama esta canción?


“¡Ciérrale, ciérrale!”, es lo único que escuchas, como en espiral, mientras vas perdiendo el juego. Se te han olvidado la geografía, los títulos de las canciones de moda y hasta cómo te llamas. “Miren, cuates: aparte de parecerse al gordito del comercial del agua, ¡tartamudea!”. Esa odiosa e impostada voz, te dices.


Perdiste el juego, casi te pones a llorar al salir del escenario, de no ser porque tu padre ya se está poniendo al tú por tú con el Chabelo. Tu mamá llora de histeria y le suplica a tu padre (ella está mal de la cabeza: ¿por qué no apoya a tu papá?, te preguntas) que ya deje de hacer números.


El señor de overol corto te asusta con su voz gruesa. Ahora que lo ves bien, ni es tan simpático: ¿Por les qué pediste a tus papás que te llevaran a verlo como regalo del día del niño? “Todo ha sido un error”, le dice el conductor a tus papás. Tenga, señora, un boleto de la suerte.


—¡Pero no estamos pidiéndole boletos, señor…! —dijo tu papá, con las mangas de la camisa aún arremangadas.


—¿Y esto, para qué es? —pregunta tu mamá.


—Guárdelo hasta el final del programa. Le conviene.


LLEGASTE Y ARRUMBASTE LA MOCHILA en el nuevo sillón de Muebles Troncoso. Tu madre te regaña: así no duran las cosas. Las cosas deben cuidarse para que perduren. “Son como los sueños, ¿sabes? Si te mantienes firme en tus sueños, éstos se lograrán. Ya ves yo, tanto que quería tener una salita nueva y ya la tengo… Obviamente no fue gracias a tu padre, sino a los sueños, mijo, ¡los sueños!”.


No contestas, pero comienzas a soñar despierto: ¿Se podrá matar al estúpido que te ha dejado en ridículo frente a Raquelita y tus amigos de la escuela?