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jueves, 30 de junio de 2011

Hoy llegó "Regla de Tres", el libro ganador del Premio Nacional de Poesía "Ramón López Velarde" 2006 del gran poeta (y mi poeta contemporáneo favorito, mi gurú) Javier Acosta, a mi casa. Con eso se multiplicaron las virtudes poéticas del día.

El placer del placer

El placer del placer implosiona en sus paredes, dotándole al humano la capacidad de desnudar al silencio y quedarse con él para admirar el proceso de la nota y el barullo.

El placer del placer no es un tema filosófico, es un canto que inicia en la propia lengua.

El placer del placer se constituye a sí mismo como recurso inagotable, cuando pasa de mano en mano a través de todas las historias, a través de los tiempos ya muertos.

El placer del placer es escribir estas letras, por el simple gusto del tacto de mis yemas con el teclado del "ordenador".

lunes, 27 de junio de 2011

Pedí un relajante muscular para el dolor de espalda y me dieron un somnífero que me noqueó por quince horas. Ahora busco la manera de recuperar el tiempo perdido. No lo hallaré en Proust. Tampoco en el barullo de los carros que ya no pasan por mi casa. Facebook, ni mencionarlo.

Les debo un cuento, relato o algo que se le parezca. Espero estar próximamente en condiciones para ello.

miércoles, 22 de junio de 2011

martes, 21 de junio de 2011

Documento paleografiado de 1684

No es común que les postee trabajos de paleografía en mis blogs (incluso pienso que será la única vez que lo haga). Pero me costó taaaanto, que necesito presumirles mi trabajo. Lo tengo en el blog mellizo de éste que tanto visitan (sí, el mellizo que nadie lee, como ocurre con los gemelos que nadie quiere). Sirve que de paso leen las otras nueve entradas que hay:


http://ensayosalvacio.blogspot.com/2011/06/cedula-real-que-prohibe-la-venta-de.html

4 nuevas obras de Üzeyir Lokman Cayci 4 (Con poema integrado)





Acaban de llegarme cuatro imágenes nuevas de uno de mis pintores contemporáneos favoritos, Üzeyir Cayci. Aquí las pongo, junto con un poema sobre la espontaneidad que ya ha aparecido en diversas revistas y libros en varios idiomas.
(Merci, Üzeyir! Bonne été!)



KENDİLİĞİNDENLİK
Düşüncede
İşte
Aşta
Her yaşta anlayış…

Korkuları aşacak
Endişeleri giderecek
Ve hırsları göğüsleyecek
Bir irade…

Hayatı güzelleştirecek
Dostluğu geliştirecek
İçtenliği kökleştirecek
Örnek ve eşsiz tavırların sahibi bir yürek.

İnsanca yaşamayı
Seviyeli birlikteliği
Köklü aşkı
Daimi sevgiyi
Derinleştirecek
İlkeli bir kişilik…

Karşılık beklemeksizin yardım
Sınırsız hoşgörü
Pazarlıksız yaklaşımlar
Birbirleriyle özdeşleşecek
Fedakarlıklar...

Dost .... Arkadaş
Komşu... Kardeş...
Hiç ayırım yapmadan
Kişileri benimseyecek
Bir erdemlik...

Sırları köprüleştirecek
Takdiri ve öfkeyi sezdirecek
Misafirlerini içinde gezdirecek
Bir gönül...

Sağlam bir ruh ile
Yön veren
Anlaştıran
Kaynaştıran
Kendiliğindenlik!
Üzeyir Lokman ÇAYCI
Paris, 23.11.2007

Spontaneity

While thinking

While working

While eating

Comprehension at each age...

To overcome fears

To rid oneself of fears

To face the heat

An iron will…

To embellish life

To improve friendship

To embrace sincerity

And exemplary attitudes...

To live humanly

On a high level of coexistence

To embrace love

Permanent affection

With profundity

With principles…

To help without strings

With unrestricted tolerance

Approaches without bargaining

Sacrifices recognized

One in another…

Friends… Comrades…

Neighbors… Brothers…

Without discrimination

Virtue that considers only the person…

Building bridges

Making appreciation felt

And anger

Thanks to a healthy heart

Directing

Creating

Self-inclusion

Understanding

Unifying forever In spontaneity!

Üzeyir Lokman ÇAYCI
Paris, le 23.11.2007

Translated from the Turkish by Yakup Yurt
English
translations by Joneve McCormick

La spontanéité

En pensant
En travaillant
En mangeant
De la compréhension à chaque âge…

Pour surmonter les peurs
Se débarrasser des craintes
Et faire face aux ardeurs
Une volonté de fer…

Pour embellir la vie
Améliorer l’amitié
Enraciner la sincérité
Un coeur exemplaire d’attitudes sans pareilles.

Pour vivre humainement
Dans une coexistence de haut niveau
Un amour enraciné
Une affection permanante
A approfondire
Par une personnalité à principes…

Aider sans contre-partie
Une tolérence illimitée
Approches sans marchandage
Et des sacrifices qui se reconnaîteront
Les uns dans les autres...

Amis ... Camarades…
Voisins... Frères...
Sans aucune distinction
Une vertu
Qui ne considère que la personne...

Construisant des ponts avec des secrets
Faisant sentir appréciation et colère
Promenant ses hôtes
Dans un coeur…

Grâce à une âme saine
Orientant
Faisant se comprendre
Unifiant à jamais
Dans la spontanéité!

Üzeyir Lokman ÇAYCI
Paris, le 23.11.2007
Traduit du turc par Yakup YURT ©



miércoles, 15 de junio de 2011

Sobre la virtuosidad de los presos

Los presos son antiguos viajeros que decidieron anclar su poesía en una isla de concreto y paredes lustrosas y grises. Piratas, mojan sus barbas ahora inexistentes en las aguas de los charcos de sus celdas e imaginan que un día, su dios hará llover muy fuerte hasta derribar los muros y las mallas que ahora asfixian su corazón.

Los presos llevan consigo tatuada en relieve la palabra libertad en la muñeca izquierda para saber de dónde provinieron sus males ajenos, y en la derecha, con tinta azul, para saber hacia dónde se dirigen. Cansados, cierran los ojos hasta iluminar de colores vivos aquello que llaman hogar y es el único territorio donde sus demonios pierden las jugadas, y el único espacio donde hasta su voz alcanza a desdoblarse con la tranquilidad que dejaron de compartiles los del otro mundo.

En sus vidas anteriores, los presos fueron mudos que observaron la paciencia y el decoro de sus emociones, y por eso en esta vida no levantan la voz cuando saben que ya todo se volvió agrio, incierto, injusto, fojas y sellos y lociones varias después de tratada la última audiencia. Algunos traviesos acaso logran esconder su furia y su rebeldía en las botellitas vacías del shampoo con el que lavan sus rizos de no ángeles para luego abrirlas un día pleno de fotocelda en el patio sin cancha.

Cuando están tristes o quieren alegrar a las mujeres que los esperan, los presos arrebatan a pulso de memorias buenas y palabras dulces una estrella del cielo. Luego, la ponen cuidadosamente dentro de una caja musical con las canciones de sus días en el abandono y las agitan suavemente hasta tener el resultado final: un cometa parlante de noches tranquilas y días aciagos. Después, los presos le escriben un poema a su creación y luego lo dejan ir para que se pierda entre el silencio de las constelaciones.

Los presos son filósofos del tiempo. Nunca objetarán la llegada de los colibríes, pero tampoco sentirán pena si arriba una navidad vacía de olor a pino y regalos nuevos. Los presos retratan sólamente a dos tiempos: pasado y futuro. Revelan sus fotografías en la oscuridad de su propio verbo estar y las enmarcan para no perderse nunca entre los reflejos de los otros tiempos: conscientes de su momento, los presos odian salir descuadrados de la foto que es el día de hoy y por eso prefieren disparar ellos el click que capture otros labios saludando frescamente.

Aprendices de los maestros que todo lo perdonan, se instruyen, cada sol con su propia luna (que aprenden a distinguir entre los mil millones de patrones distintos enviados por un ser superior que juega -porque ya descubrieron cuál es su jueguito- a hacernos creer que todo siempre es lo mismo aunque no sea cierto), en el arte de reconciliarse con las pesadillas propias y las ajenas y con uno que otro mundo malhecho que no tuvo remedio más que existir gracias a sus manos, ojos y dientes.

Los presos comen de los senos soleados de sus mujeres las viandas que les restringen en su nueva ciudad. Beben de la copa de sus pechos el agua que ahí no han de ver más que cuando alguno de ellos muere como tal y renace en un hombre aparentemente libre (porque descubren que está más preso el liberto que trabaja doce horas diarias para otras manos que no son las de ellos) y se sirven el doble postre de la sombra de los duraznos secos que el intendente olvidó regar.

Los presos no escriben sus memorias porque prefieren volarlas en poesía. Por eso, cada doce días llenan su tintero que es su lengua con tinta invisible y juegan a renombrar las cosas que les dieron placer en aquella otra vida más allá de las celdas. Cuando alcanzan las cien cuartillas de sustantivos nuevos y adjetivados instantes, se pinchan la cabeza con un alfiler para empezar otra vez la travesía de la recreación de las cosas por el verbo. Y así lo hacen una y otra y otra vez hasta que se percatan que la libertad tomó otros nombres y ellos también estuvieron ahí.

Los presos figuran en las filas primeras de una entrevista con dios, porque a dios le gusta saber qué se siente ser dios y estar en la jaula de un ser más infame. Los presos rara vez comparten la experiencia que los vuelven más estoicos que su interlocutor, porque saben que es lo único que los distingue y hace más grandes y lumínicos que cualquier gigante etéreo dueño de cada planeta.

lunes, 13 de junio de 2011

Sobre la felicidad (versión 2011)

La felicidad es una tarde de domingo conduciendo con la resaca de la fiesta desértica de este sol rumbo a un escenario, ver la evolución de los tiempos de la seda roja que nunca duerme y luego sentarse en un salón que vibra con los mejores tiempos de la URSS y cuyos muros suenan a un sintetizador que te cuenta todas las historias de las dobles, triples, cuádruples, quíntuples vidas que sucedieron ahí, mientras el mundo mudaba de piel para no reconocer las virtudes de la melancolía precoz. La felicidad es verse en ese espejo donde antes muchos otros que fueron otros se miraron y se reconocieron uno sólo con la música de algo que no supieron explicar.

La felicidad es un café con la noticia de que no se es más niño pero la inocencia sigue ahí, aguardando la primavera que está a punto de romper en una toronja de verano, un domingo exceptuando la regla de los tantos que no se parecieron a los domingos de la infancia.

La felicidad es el nombre "quiero" atravesado en la lengua, los cabellos, los pies y las manos. La felicidad es volver a dormir para existir a las ocho de la mañana dentro de un cuento con cinco líneas en un único párrafo. La felicidad es la aceptación de lo que se ha podido dar y agarrar la palabra gracias como estandarte de una lucha que no muere todavía.

"Flush. Canciones al Vacío"

Con la novedad que tuve que hacer un cortometraje para pasar una materia en Letras Españolas. Le puse "Flush. Canciones al Vacío", porque creo en el poder las canciones en estos tiempos de no creer en nada, y porque quise hacerle un homenaje a mi película favorita, Canciones del Segundo Piso, de Roy Andersson. El corto completo no lo he subido aún, pero sí algunas escenas, mismas que pueden ver en este canal del Youtube:

http://www.youtube.com/user/MCurielFerman?feature=mhsn

domingo, 12 de junio de 2011

EL CASO DE ROBERTA

Qué feos, qué traumantes, qué desgastantes, qué tristes son los adioses. Más, cuando vienen de un sólo lado. Más aún, cuando les antecede y procede una larga cinta magnetofónica con el silencio grabado en ella.

Qué desgracia son los fines sin explicación. Qué humillante, la verborrea que queda al otro lado del puente. Qué martirio, el que espera la nada que sobreviene.

¿Qué se hace con todo esto? Una novela no, los hechos son más bien como para seguir grabando el silencio, o dicho de otro modo, estas cosas rara vez configuran material para una novela. Demasiada humillación, demasiado dolor (especialmente si eres de una sensiblería digna de un autista cordial). Chance y la hagas cuando tengas ochenta años y el ridículo de tu feminidad ya no importe tanto. Poemas tal vez, pero salen súper cursis y normalmente las imágenes y los tropos y esas cosas no se dan, porque las apabulla el ofuscamiento. Cuentos, ¿como para qué? ¿A qué tipo de niñas les interesará saber su destino? ¿Qué no para eso tienen a Caperucita Roja? Un ensayo... Ya sé: ¡Aforismos en Twitter!

A lo mejor, mirarse al espejo, decirle cosas como "¿En qué parte del universo estoy, que todo sale rarísimo por aquí?", o el clásico mantra "Ésta no es tu realidad", y no comparar tiempos ni contraponer el hubiera: ya bastante se padece por el cortón silencioso como para traer las máximas de la abuela y la mamá. Por lo demás, no hay mucho qué hacer. Es como cuando te caes en plena calle, a eso de la una de la tarde, y todos te miran. Te levantas de inmediato y hasta caminas sonriente, crédula de que a alguien le importa tu sonrisa: te miraban por el ridículo, no por tu cara. Y te vas así, moviendo la cadera y el pelo, procurando dolerte el chingadazo en tu casa. Sucede algo similar con las humillaciones unilaterales, esas que se ganan de un día para otro y sin saber muy bien cuál fue la causa: escribes pendejadas en medios alternos, estudias a los estudiosos, llenas solicitudes para volverte asceta intelectual, evitas las palabras que por asociación te traigan una visión holográfica del príncipe de televisión que te dejó en el suelo. Y sigues, cojeando tu cuartilla, echando el moco ante la desventura del knock-out obtenido gratuitamente.

Roberta tenía escrito todo esto en su computadora, jefa. Encontramos que la ahora occisa se encontraba escribiendo su artículo para la revista Marí Claré, donde ella era columnista. Sí, una pena que haya muerto la señorita Estévez, a mí me dio tanta seguridad en mi carrera profesional... Pero eso no explica la hoja con la frase "muere, puta", que estaba en su regazo, Martínez. Ah, es que según Santillán, la mujer padecía transtornos de personalidad múltiple. Como quiera esperamos el dictamen del grafólogo para saber si fue ella o no la que lo hizo. Mire qué lindo cabello tenía. Si de veras se mató en un desdoblamiento de personalidades, desatada por un evento que agravó su ansiedad crónica, entonces sería una víctima más de la liberación femenina. Ni al caso con eso, Martínez. Ya vámonos de aquí.

Las dos mujeres salieron de la casa violeta en busca de un lugar donde comer sushi.

domingo, 5 de junio de 2011

Saluditos

Siempre digo: "A la noche sí me voy a dar tiempo para agradecer y saludar a las personas que amablemente me siguen en este blog y a quienes dan por casualidad con este espacio y luego siguen frecuentándome". Y siempre se me olvida, me pongo a escribir algo para este blog o el de Velvetine o de plano me voy a dormir.

Pero hoy sí lo hago:


Gracias a las más de 1, 892 visitas que tuve en el mes de mayo. Ya son 16,270 visitantes que vienen a leer mis cuentos, algunas frases que he puesto y los miniensayos locos que escribo. Les envío un abrazo enorme a todo México, especialmente DF, Querétaro, Cuernavaca, Tijuana, Xalapa, Puebla, Guadalajara, Morelia, Ciudad Juárez, Chihuaha, Oaxaca, Torreón, Saltillo y Monterrey. Otro saludo para los vecinos del norte, especialmente a los de California, Texas, Virginia y Connecticut. Otro abrazote para el resto de América Latina: Argentina y sus provincias (que algún día visitaré), Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Chile, Venezuela y Ecuador. Y por supuesto, al continente más viejo de todos, Europa: España y todas sus provincias (que también algún día visitaré), Rusia (saludos para mi amigo ruso que me agregó como seguidor del blog pero que no entiendo nada de lo que escribe: está en ruso), Francia, Italia, Holanda, Alemania y de vez en cuando Grecia. Olvidaba que de repente tengo compañía africana y oriental. Gracias, Sudáfrica, Marruecos y Nigeria; Japón, Corea del Norte y no recuerdo si Emiratos Árabes o Yemen, pero iba por ahí.

A seguir las letras. A seguir las reflexiones al vacío. Un beso para todos.

Un premio como hoy

Un día como hoy, pero del 2006, recibí el Premio Estatal Nazario Ortiz Garza, el máximo premio que un estudiante del estado de Coahuila pueda recibir cursando la Universidad. Lo recibí en la categoría de liderazgo estudiantil y no por el mérito académico (una chica de mi salón me ganó por dos décimas y a pesar de eso ella tampoco lo ganó en esa categoría).

Gané el Premio Estatal Nazario Ortiz Garza 2006. Supuse yo que era un privilegio y supuse que había sido porque desde mis 20 ya daba clases de francés y a los 23 ya traía un proyecto de lenguas indígenas; supusieron ellos que con eso paliarían los años venideros de mi desempleo formal en cuanto rubro pudo existir (2007-2008), enfrascándome en una maestra que daba francés y ya no tenía un proyecto de lenguas indígenas. Puse mi presea en el librero principal, el que está resguardado del polvo por un hermoso cristal que te dice: "no me toques" y ahí guardó mi mamá una antología de Shakespeare y otra de Wilde y yo guardé la antología de literatura rusa que mi padre dejó en la casa antes de marcharse y cuyos libros todos (Shakespeare, Wilde y Chéjov, Tolstoi et al.) los leí en mi aburrida adolescencia ascética. Luego, guardé mi vestido color hueso en una funda plástica y lo dejé ahí, para contemplar aquella mañana en la que fui casi la Señorita Coahuila 2006 (las nerds, cuando muy jóvenes, también tenemos sueños de turrones blancos y rosados, únicamente cambiamos el escenario: mientras las demás piensan en un altar impregnado de olor a gardenias, nardos y rosas, nosotras nos soñamos en un pódium impregnado de ese olor a no usado, a libro resguardado en aire acondicionado, a hojas bond lisitas, a vasos de agua con hielos, a plumas Mont Blanc y anillos dorados en un solo dedo sin su contraparte en ningún lado).

Cinco años después, mi presea detiene un montón de cuadernos de francés, derecho y literatura escritos a la mitad de tiempos que ahora se mezclan entre mis cabellos de veintiochoañera porque ese es el uso más funcional que le pude encontrar: detener el conocimiento que arrastro desde tiempos inmemoriales, estar ahí para cuando la tempestad obligue y yo necesite darme una vuelta al lunes 5 de junio del 2006 y yo creía que con un premio así, terminaría por doblar al mundo... Arrogancia geek-femenina de los 23, nada más.

Recordé todo esto porque acabo de abrir el clóset para sacar mi precioso vestido color hueso. A la tarde, me lo voy a poner para ir a bailar a los rieles de un tren.

Y no, no es dramatismo, es un cortometraje que estoy haciendo, dentro de una carrera que muchas veces me cuestiona si haberla iniciado habría sido lo más sabio (o lo menos torpe) que he decidido en mi vida...

jueves, 2 de junio de 2011

Una voz propia


Cuánto silencio hay en esta habitación. Oigo un murmullo de voces masculinas que me dicen lo mismo que he oído, leído y sentido desde antes de que yo naciera. Las voces de todas mis madres están como ausentes, apagadas, en un silencio de furia que a mí misma me da miedo despertar, porque no sé bien a qué suena. Es una voz femenina amalgamada de lágrimas, risas, sexualidad reprimida, tergiversada o malbaratada; reflexiva, cansada, a veces eufórica para no llorar. Y está ausente en esta habitación. Es una habitación de 12756 kilómetros de diámetro. Se llama Tierra. Naturalmente soporta toda clase de seres vivos: microbios, plantas, animales. Y entre los animales, está la raza humana, arrojada por la vaina callada que todo este tiempo ha sido la mujer.

Esto lo escribo en el 2011, justo después de leer “Una habitación propia” de Virginia Woolf. Qué extraño, han pasado ochenta y tres años y me imagino que algo similar debió pensar esta mujer, de un cerebro tan magistral como su obra. Obviamente no tengo que decir que la exposición de su argumento es mucho más detallada, explícita y argumentada. Era un genio, la Sor Juana de Inglaterra, pero de la época modernista.

Y hablando de Sor Juana, me viene otra idea a la cabeza: ¿Como de cuántos años estaremos hablando ya desde que la mujer, instalada en su papel netamente occidental, vive luchando con y por sus letras, para ser tomada en cuenta y así obtener un lugar respetable para sentarse, escribir, leer, volver a escribir, tal vez publicar y luego morir? Porque con Virginia y Sor Juana tenemos un gran puente de casi trescientos años donde la mujer brinca, patalea, se pasea, descansa, toma aire, medio que escribe su rabia, la publican después de su muerte y al final… Al final no pasa nada.

Dirán los lectores (hombres, para variar. Las mujeres seguimos buscando ese nicho donde guarecernos de las “bondades” del sexo, de las frondosidades y la sensualidad que hasta para Wilde eran un motivo de estupidez en el sexo opuesto) que no hay nada de malo en experimentar un viacrucis extendido, creo yo, desde el Imperio Romano. Virginia Woolf así lo deja ver cuando se pregunta qué estarían haciendo las madres de ella y una amiga y las abuelas de ambas y las bisabuelas y el etcétera prolongado en esa vastísima línea ascendente, casi mística (por aquello que no tiene final y es difícil alcanzar ver su luz) soportando el grillete del patriarcado instaurado desde las leyes romanas en donde el pecunio del varón incluía el vientre de su mujer, las alhajas de su mujer, la dote de su mujer, las herencias de su mujer ...pues su mujer era considerada una alieni iuis, es decir, una enajenada mental que no podía hacerse cargo de sí misma, cuantimenos de su peculado, en vez de salir a la calle y convertirse en accionista, empresaria, visionaria para formar un peculado propio y heredar a todas las Evas del mundo una fortuna ominosa, cómoda, holgada, de la cual pudieran colgarse las mujeres que deseamos dedicarnos a las letras al disponer de universidades para mujeres, becas para mujeres, bibliotecas enteras para mujeres. Suena como a que la mujer dentro del contexto vital de Woolf seguía siendo una alieni iuris, despojada de aquel título en latín para vivir a la intemperie con la desnudez de su adjetivo: mujer. Y tenía razón.

Me atrevo a decir que sigue teniendo razón. Por ejemplo: a la mayoría de las mujeres que nos dedicamos a oficios netamente intelectuales nos falta tiempo para poder desarrollarnos completamente, sobre todo si pertenecemos al grueso de la clase media. Debemos trabajar al menos cinco horas para poder sacar el dinero suficiente para transportarnos en carro a una escuela de difícil acceso en autobús (nadie en su sano juicio caminaría quince cuadras bajo la inclemencia de las heladas o el calor de mayo), comprar los libros que la universidad no ofrece y son totalmente necesarios para nuestra formación académica, comer, vestir, ser dignas de un trato amable entre la familia: no hay que olvidar que, a diferencia del contexto en el que se desplazó Virginia, la modernidad y la postmodernidad ha situado a la mujer en un lugar preponderante y peligroso: ahora somos parte integral de la economía mundial, una economía cuyos dividendos (económicos, sociales, políticos, familiares, religiosos y artísticos, y en general culturales) son totalmente injustos a la hora de repartirse: la mujer siempre queda abajo del hombre, por mucho que el hombre que la sobrepase no sepa un ápice de todo el proceso que tuvo que realizar la mujer para conseguir aquello que ahora él disfruta. La mujer debe, casi literalmente, “arrebatar” algo que ya se ganó, sin quedar exenta de juicios ajenos que normalmente versan en la poca o nula ética o moral de su alma poluta, en la crueldad de sus actos e incluso en la voluptuosidad de su sexo y su desenfrenado antojo sexual, usado como carnada para conseguir lo que desea.

“Las mujeres necesitan una habitación propia y dinero para poder escribir”, en este caso, una novela: recordemos que este texto, correspondiente en su estilo a lo que llamarían los académicos heteroglosa, es un híbrido de ensayo y ficción, e incluso tiene partes de prosa poética, sobre todo cuando se cuestiona por qué la poesía moderna -hablando, obviamente, de sus tiempos- era tan difícil de entender: “La poesía moderna expresa un sentimiento en formación que nos es arrancado y le vemos con temor y desconfianza”, dice a grandes rasgos en los primeros pasajes del texto; o cuando le rinde un homenaje muy sentido a mujeres poetas como Christina Rossetti, o a escritoras como Mary Carmichael, Dorothy Osborne y hasta la hermana de Shakespeare, la poeta muda enterrada justo debajo de una parada de autobuses y con la que cierra el libro tratando de alentar a todo un auditorio a intentar luchar por ese espacio, por luchar para que no muera la palabra de la mujer, que en sus labios se vuelve poesía (atendiendo al origen etimológico del término). Un auditorio que me imagino era puras mujeres, de esas ocurrentes que un día le enviaron una carta a Virginia Woolf y le pidieron, inocentemente, que hablara sobre la mujer y la novela. ¡Já!, de seguro contestó la Woolf. Y se puso a escribir este ensayo que duele –o al menos a mí me dolió mucho- porque resulta ser una radiografía eterna. Modernista al fin, logró su cometido: la inmanencia del objeto creado. Pero esta vez cómo duele que su ensayo sea inmanente, casi ajeno al tiempo y al espacio: las mujeres intelectuales, para ser más precisas, las poetas y las novelistas, son consideradas como parias que no dan nada útil al mundo. Antes, se les objetaba que perdieran su tiempo escribiendo en vez de parir hijos que a la postre fueran mano de obra para una naciente industria mundial, espetándole con ironía que sus letras no servían para tres cacahuates. Como bien dice Woolf: “Escribe lo que quieras”. Eso era lo que les decían. “Que al fin y al cabo no importa”. Ese era el mensaje intertextual de la frase.

Sin embargo, ahora también se nos objeta no parir dividendos, esto es, no redituar económicamente. Más allá del proceso creativo que implica la construcción de una obra literaria, si la obra no ha sido publicada, es casi igual que haber lanzado un gargajo en la Fontana de Trevi. ¿No te publicó el Leviathan editorial que se supone debió alimentarse con tu seno escrito? Entonces tampoco sirves. Porque, después de todo, ¿qué es la literatura en estos días de editoriales grandísimas que muy poco atienden a la estética y al valor preponderante de la inmanencia de una obra, que pudiera ser analizada siglos después como un rasgo característico de toda una sociedad? ¿Un modus vivendi? ¿Una moda? ¿Una fuente de trabajo para unos cuantos, pero cuyo contenido literario le llega a unos pocos, dados los precios altísimos de cada libro vendido dentro de una sociedad cuyo grueso prefiere destinar ese dinero en comer, divertirse y olvidarse del círculo vicioso que es la economía y en la que está sometida ya, la literatura?

Virginia Woolf hablaba de tener una habitación propia y dinero para ser dignas de un trato digno (que nunca especial) dentro del campo literario. Yo me atrevo a decir que en este siglo que ya lleva su segunda década, se vuelve imperiosa la necesidad de construir un lugar habitable para las letras femeninas, donde cada texto, cada palabra, cada sonido poético se teja con las palabras de la mujer de enfrente, no importa si el género es distinto o si a priori las ideas no acaban de encajar en la construcción de ese hogar. Se trata no de hacer un frente común contra todo aquello que nos ha callado durante años, sino de construir la posibilidad de la existencia de nosotras mismas sin cuestionarnos, juzgarnos, reprendernos o limitarnos. Simplemente construir, grandes, medianas y chicas, letras capaces de hacer un lugar habitable para nuestra mirada. Un lugar habitable para nuestra voz propia.

¿El ciberespacio lo logrará?