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sábado, 30 de noviembre de 2013

Y para cerrar, las manos de la noche.
Corazón, ojalá pudiera regalarte la capacidad de volar desde mis poros diciéndole al tiempo y a quienes amas y has amado que no hay un hueco mayor o o menor en el sitio que a cada uno le pertenece. Corazón, ojalá tuviéramos un regulador del sonido para no escandalizar al mundo. Corazón, me da gusto que no hayas querido morir cuando la mesa estaba puesta.
El Teletón, ese ejemplo cínico de la tergiversación de la corresponsabilidad social. La corresponsabilidad social, ese concepto ramplón que no acaba de decirle de una buena vez al Estado: "Actúa o lárgate"; ese concepto miserable que se usa para chantajear a ultranza la piedad cristiana de los individuos. La piedad cristiana, ese elemento acotador de la sociedad: más valdría actuar por amor verdadero que mentir en aras de la aceptación, de recibir el lucero a la hora de la muerte. Aquí no hay más que Lucero, esa belleza histriónica llorando en el Teletón, ese ejemplo cínico... etc.
Que vivan los planes tirados al viento, la suave música de lo inesperado agitando la sangre.

martes, 26 de noviembre de 2013

Cae la lluvia, diciembre ya se va anunciando: será espeso como la niebla que vendrá a la mañana y frío como ha de ser en esta latitud del mundo. El jazz de Cassandra Wilson no cesa y así pasa la madrugada. Contención, llanto, contención, ojos: el cielo ya lo está diciendo por nosotros.


lunes, 25 de noviembre de 2013


Una mujer dejará de ser violentada en todas las formas posibles el día en que ella haga posible la concordia entre las de su género. Una mujer dará cuenta de que la violencia es general el día en que todos dejemos de escindirnos, de categorizarnos y de clasificarnos: la violencia es energía mal encauzada que rompe el Hogar. Y ahí estamos todos los seres vivos. Un acto de amor no es un listón de colores, sino asumir que todos somos uno y no hay más. Los paradigmas de poder y dominio van transformándose, ésta sería la primera vez que a nivel "global" se erigieran los andamios para la comunicación y la equidad en todos sus aspectos. Si el siglo XXI se nos escapa de las manos, probablemente heredaremos cientos de fechas memorables, no por su valor, sino por la gran estupidez de celebrar la utopía no realizada por causa de un ego colectivo anquilosado. Feliz vida a todos.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Que estoy muy deprimida, sí. Que tengo unas inmensas ganas de llorar porque no sé dónde está todo ni cuál es su lugar, aunque lo esté viendo, también. Que he perdido todo, hasta la risa, es muy cierto. Que hay días en que despierto y me pregunto para qué esta obra de un cromosoma y un óvulo inesperados, casi, casi a modo de calvario. Que me sobreviven la música y la literatura y el amor con el que caminan mi alma y mi corazón, también. No me refiero al amor que alguna vez di y (tal vez) recibí como hembra, hablo del amor de Dios, porque, aunque no lo crean, yo sí creo en él: Darwin y quienes escribieron la Biblia eran unos reverendos estúpidos. Dios no.

Que me obligo a cantar y bailar, a no pensar en el pasado porque todavía me duele mucho, muchísimo, es indudable. Que tengo muchas preguntas sobre el futuro pero a como veo el mundo agradezco la oportunidad de la música y las palabras en el tiempo presente, es más indudable aún. Nunca me he jactado de llorar en público y jamás lo haré, pero eso no significa que no me duelan las traiciones, el desparpajo con el que han sido despreciadas mis intenciones de erigir campos nuevos para los que me importan. No dejo de pensar que la alegría será mi fortuna, y por eso me dedico a dar gracias por lo que no veo y siento, aunque parezca el acto más idiota del mundo y eso más bien se llama una esperanza bien cimentada en mi corazón: estoy libre y quiero ser la dueña total de mi propia libertad, con eso basta.

Que esto a nadie le importa, lo sé, y lo agradezco bastante.
El viernes fui invitada a participar en un panel que hablaría del bullying, todo eso dentro del marco de la presentación de una revista académica. Al principio no le di mucha importancia, pero tan pronto se acercaba la hora, comencé a entrar en pánico: ¿qué les diría yo, una mujer que durante toda su infancia y adolescencia sufrió lo que ahora el mundo conoce como bullying? ¿Llegaría acaso en mi papel de Rehabilitada Social a presentar mi testimonio de vida ("Hola, soy Marlén y fui buleada. Estoy en pie gracias a la literatura y las artes")? ¿Hablaría de lo detestable que me parece la hipocresía humana porque en realidad no está dispuesta a dejar de ser cruel?

El pánico se acrecentó al sentarme a lado de dos académicas que habían hecho un posgrado tras otro sobre pedagogía, psicología y trabajo social. Llevaban apuntes y una de ellas hasta diapositivas. Yo sólamente llevaba el artículo que había escrito para la revista, cuyo título era "Literatura y bullying". Básicamente me puse a decir que la única salida contra eso era el arte y específicamente la literatura (me lo habían pedido en mi centro de trabajo y obvio no podía defender a la música con tanto ahínco como me hubiera gustado), volví sobre mi trillado discurso de la sensibilización a los signos, a leer las artes plásticas, la música, la danza, además de la literatura. Para mí, el arte no es otra cosa mas que pequeñas manifestaciones de amor puro que el hombre ha tenido; el arte es algo más que la inspiración y las musas, la fama y la trascendencia. Es un acto de amor.

Dije todo eso antes de agarrarme a leer mi texto. Luego, la indagación de los rostros (¿pensarían que soy muy hippie?). Todo bien, los jóvenes, estudiantes para ser flamantes maestros de la Normal Superior y Básica, estaban acurrucados viendo el techo o las bubis de sus novias. En verdad creo que es un acto de amor lo que mataría al bullying, pero no sé si todos estén en ese canal y entonces para qué carajos ser maestro si lo único que importa es una plaza para vivir el resto de tu simple vida. Los miré y me di cuenta que ellos también han sido buleados de manera indirecta (o tal vez demasiado directa) con los actos de generaciones como la mía.

Hace rato vi la película "Los juegos del hambre". Verdaderamente, si alguien me preguntara cuál es el legado más sobresaliente que el imperio yanqui nos deja, sin duda alguna diría que es esa obra (y más la película): prácticamente, la verdadera lectura de la historia es cómo el imperio es atacado desde el núcleo y precisamente por los jóvenes, quienes pelean con el desencanto por arma y la renuncia a la violencia a la que a diario los sometemos pues, sin lugar a dudas, nuestros actos como adultos, al menos en fechas recientes y tras la terrible desarticulación que la humanidad padece por causa de la egolatría a ultranza en este siglo que nos mueve, son el más grave ejemplo de bullying contra todos los niños y jóvenes, tanto víctimas como victimarios.

Me puse a llorar. Yo recuerdo que alguna vez peleé por todas esas causas que todavía sigo esperando ver. No sé en qué momento, pero me volví una mujer de 30 años que todo el tiempo está buscando caminos para subsistir materialmente. A mí también me llegó el desencanto, pero por otra vía, igual de violenta y triste. Pero eso, a  la chica de los veintitantos no le importaba. Estoy a punto del colapso, me parece que es otro tipo de libertad lo que desde siempre he buscado. Y seguramente así será, sé bien que mi naturaleza no es para aceptar los roles ni las circunstancias que el mundo te hace creer es lo mejor para ti.

Me preocupan mucho los jóvenes. Muy frecuentemente siento que estoy haciendo poco o nada para asegurarles un campo menos minado que el que yo atravesé. Sin embargo, no sé por dónde ni cómo, en especial ahora que dejé la docencia desde hace tres años. Miraba a los chicos de la sala emocionados con las escenas de amor de los protagonistas y hasta el corazón se me hizo chiquito: ¿por qué carajos ellos no tienen asegurado un futuro donde puedan amarse?

Todo esto me tiene bastante confundida y molesta. Como dije en el panel, la crueldad siempre ha sido connatural e inherente a la naturaleza humana. La gran diferencia en estos tiempos es precisamente el grado de indiferencia mostrado ante la situación. Actos de amor sin esperar algo, cumplir a cabalidad con nuestra obligación de asegurar un futuro más que digno para ellos.

Pero yo sólamente llegué ese día (y creo que todos los de mi vida) como Marlén, la que fue buleada y se levantó a prueba de amar y de abandonarse al arte.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Gracias, Inspiración Absoluta, porque en un resquicio del tiempo hendiste el corazón ególatra de la humanidad, creando la música, primer y único acto de amor emanado del hombre.

Gracias por Schumman y Brahms, por  Pink Floyd y Los Cadetes de Linares.

Quien se jacte ser parte del cosmos, deberá primero atender a sus sonidos. Quien ame en verdad, será capaz de regalar y recibir a cambio la música del silencio.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Perdóname, Padre, porque todos me han mentido.
20 de noviembre y los héroes calladitos ante el espectáculo primaveral que se muestra en el jardín de mi oficina. Los árboles están tan verdes que no te dejan espacio salvo para la palabra (la cursi palabra) esperanza, el sol entrega su himno esencial para no dejar morir la flor por la tarde. Una sierra imponente se muestra como la poseedora del corazón del cielo y es que todos nacimos para acercarnos a él, sea en el primer acorde de una canción infinita, el abrazo de la tierra o un beso.
Lo nuevo en materia de burocracia autosostenible: oficina verde.

La chica (por ser amable con su edad) era una newagie sin empleo que un buen día se despertó y dijo: "¡Claro! ¿Cómo no pensé en el gasto que hacen los obreros de la clase media?".

Y así fue como me recetó una hora de un documental asqueroso donde trece mil yemas de huevo caían desde lo alto de una barda, seguida de una asombrosa caída de una tonelada de heces, cuatro cabezas de ganado desfilando y no sé cuántos pollos, sin dejar de lado las prendas de ropa y hasta los 536 libros que supuestamente leeré a lo largo de mi asquerosa (o al menos así se intepreta al final de todo el desfile) vida.

Luego, la cifra obscena de los recibos de la CFE y fotografías de la Coca-Cola.

Realmente tengo muchos pendientes en mi oficina y realmente no soy de las que coopera con derroches estúpidos de recursos no renovables ni renovables. Mi vida es, además de usar el blog, francamente asceta. En todo caso, me parece que fue un acto mezquino y pinchón el forzarnos a hacer aún más por lo que nosotros siempre sostenemos, llevando una vida de limitaciones (seamos sinceros: no conozco a alguien que trabaje nada más por sentirse útil en la vida) que cada día se vuelven más ofensivas.

Levanté la mano para decirles que la idea debió ser dirigida a los cientos de industriales que gastan hasta cuarenta mil galones de agua en sus tratamientos químicos, simplemente porque la concientización está allá y no aquí. Nunca me hicieron caso. Prefirieron darle voz a una señora que sabía todos los datos curiosos (esas pendejaditas que te mandan en son de muy importante vía power point a tu correo electrónico): la coca tiene dieciséis cucharadas de azúcar ("que no es azúcar porque usan sustancias químicas") y no sé cuántas cosas más.

En fin, que solamente gasté un cuarto de tanque de gasolina y llené de metano el ambiente para ir a escuchar a ese par de desconsiderados ambientales. Con razón luego hay gente que se pregunta si no estaríamos mejor sin ciertos seres humanos, como Giovanni Papini lo haría. Hoy no sabía de qué hablar en radio y, voilá, ya tengo el tema.

martes, 19 de noviembre de 2013

Vida, ¿en qué nos quedamos?

Que ando feliz y un tanto violácea. Tengo muchas preguntas y no deseo forzar al destino esta vez. Esto es inmenso y es maravilloso.

Nos quedamos pues en que the show must go on. Y a bailar se ha dicho, el corazón siempre en su sitio.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Le buscaba entre los libros como el alfabeto primigenio que perdió desde siempre su fundamental letra, le buscaba incesantemente en el brillo del tiempo. Le escribía con la necesidad de renovarse a sí, entre espacios mudos, la piel conteniendo un amor ignoto, difícil de clasificar: ni mariposa ni puente, ni azul cobalto ni noche. No supo darle nombre a la alegría y la paz inherentes, y por eso, buscaba.

La fuerza fecunda de aquel signo, su voz, su mirada, le llegó por el viento y a través de manos y ojos hasta dar con el corazón. Su magnificencia avasalló su alma hasta hacerla entender que aquella fuerza debía cuidarse, contemplarse y tomarse como a los anillos de Saturno, de tenerlos en sus dedos.

Dicen que quienes encuentran, temen y quienes atestiguan, enmudecen, y que eso es una característica para no permitir la elevación de los hombres. Temió perder la vía, obligarla, ajustarla, doblegarla: era demasiado grande aquella fortuna. Sin embargo, se permitió entregarse después de toda una vida y no esperar nada excepto saber decir, saber callar, saber desear, saber estar, saber no estarlo y también saber amar. Y eso, sería un mandato de carácter universal.

De pronto, el desprendimiento adquirió lo sublime de la ternura. Así debe ser Dios cuando se le llama, dijo. Agradeciendo su ser aquella visión, se juró procurarla sin importar la forma que adoptara tal energía (pétalo de loto, de rosa, terciopelo, aire y menta, San Pedro, canción matutina, espada, sabiduría, fortaleza, inspiración, lealtad, silencio, o nada), tan benigna como inesperada.

domingo, 17 de noviembre de 2013

miércoles, 13 de noviembre de 2013

"¿Y si sueño contigo?".

De pronto, todo el hielo de mi mundo se quebró. Me dedico a ver el deshielo, a pesar de los 5°C que otros sienten afuera.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Para Jaqueline

Buenos días, paloma blanca, otro año más para aprender de ti que la libertad no siempre se da en tierra. Otro año más para aprender de ti que la libertad no se escribe, se gana. Buenos días, paloma blanca.

jueves, 7 de noviembre de 2013

De pronto, la vieja imagen de futuras estatuas sin brazos, sin rostro, sin nariz. Tan solo la nada las llena.

Un arpa griega se oye. Es Orfeo que viene cantando el final as beauty as it goes by / she brights like the see / she dresses life and takes the winter in her skin / as beauty as light. Yo no te vi caer y sin embargo me regalas un dolor lumbar; un lumen nombrándose a cuestas y yo con los puños cerrados para recibirlo.

No quería un edificio, tan sólo un espacio para los andamios del tiempo.

martes, 5 de noviembre de 2013

Sabes que algo pasa cuando felicitas al más joven de tus pretendientes (18 años). Se llama treintena, la etapa donde estás más buena.

domingo, 3 de noviembre de 2013

En tiempos de la Nanotecnología, la Minisericordia...

Definiciones

Cansada de ver el término "positivista" como sinónimo de entusiasta, optimista y todas esas virtudes tan ponderadas y elogiadas en estos tiempos, me dí la libertad de definir ambos términos:

Positivista, un seguidor de las ideas de Augusto Comte. Optimista, un pendejo que mira todo color de rosa 24/24 hrs sin lugar a la reflexión.

Por su atención a esta cápsula dominical, muchas gracias. 
Me preguntan por qué no escribo en francés más seguido. No contesto. En el aire están todas las palabras que he dado en ese idioma. También sueño, canto y pienso en francés. Es parte de la oxigenación del corazón y del espíritu. De igual modo que anhelo en náhuatl o protesto en inglés. Una lengua distinta no hace un organismo más sensible. Acaso, hace a quien posee esta virtud un tanto más avezado en otras cosas no siempre traducidas.

Sin embargo, la vida debe su latido a la lengua natal. Por algo estudié letras hispanoamericanas.

sábado, 2 de noviembre de 2013

A mi edad aún sigo haciéndome preguntas tontas, como si las fresas serán parientes de los kiwis y por lo tanto, también de los plátanos; o si el pepino es primo del melón chino porque ambos son jugosos y verdes; y por qué la cualidad de todas estas frutas de engendrar países de recuerdos que jamás ocurrieron, o una fiesta en las arterias. También me pregunto si de verdad los datos históricos lejanos son confiables y si el hecho de ir borrando eventos importantes o trascendentales nos va borrando de a poquito la humanidad. De niña fui pésima en ciencias naturales y demasiado curiosa en lo relativo a las cosas intangibles, sobre todo esos que me llegaban "de oídas". A mi edad aún sigo haciéndome preguntas tontas sobre si los atributos de la carne caen no tanto por fuerza de la gravedad sino más bien por desaliento de la vida, y si el frío nace no de la nostalgia por el afelio, sino de la nostalgia de nosotros mismos, los primeros, los de siempre que ya no nos recordamos. A mi edad son estas preguntas tontas las que me garantizan otros treinta años aquí. 

Sobre los clásicos modernos

La noticia de que Javier Marías estará en el catálogo de los Clásicos Modernos de la editorial Penguin no es para mí, ni como lectora ni como literata, un acontecimiento afortunado.

Confundir una prosa cargada en melcocha con la sensibilidad literaria que debe de contener cierta prosodia es sin duda lo primero que objetaría. Tampoco me parece atinado construir, desde ya, la categoría de "Clásico Moderno" precisamente con autores que aún no mueren: hasta donde sé, las grandes obras han cuajado hasta obtener la inmanencia y la trascendencia después de varios siglos y sin duda alguna han sido generaciones mucho muy ulteriores quienes así los han nombrado. 

Considerar a quienes realizan buena literatura (en términos comerciales, consumibles y en ciertos casos muy disfrutables, como sucede con Philip Roth) como clásicos es un evidente síntoma de la egolatría que la sociedad actual padece. Entonces, sobrevendrán por inercia los temas de vanidad, fama y gloria, a los que ineludiblemente agregaremos el término "ganancia editorial". Así, quienes refulgen a edad temprana (de la Literatura, quiero decir) en el mainstream, corren el riesgo de quedar sin brazos, casi a imagen de algunas estatuas griegas. Esto, más que vergüenza generacional ajena, me da terror: no me apetece en verdad pertenecer a una generación de superfluos que se autonombran genios. 

Reconozco mi posición respecto del mundo y sé que este blog es una isla. Entonces, decido cerrar mi compu y leer a los clásicos que yo no nombré. 
No preciso recordar que esta vida (y las que me antecedieron) está hecha de material de sueños.
No es la cera la que nos salva de no volver a ver a nuestros muertos, es la ignorancia esperanzada de lo que hay más allá lo que nos otorga, en vida, un crédito no aplicable en días futuros. Sin embargo, hablar de ellos, ritualizar su pérdida, nos hace más humanos. Perseguir la luz, nos vuelve capaces de otra vez el amor.
Y de pronto, un corazón de mar apareció en mi ventana. Sabe que lo esperaba, su red azul es fina. Me ha dicho lo grandiosos que somos, lo grandiosos que hemos sido. No me opuse: sé que no hay otro país más bello que el fulgor nacido de la risa. 

Tan pronto lo supo, recogió mi llanto. 
Ni la tristeza, ni el desconsuelo, ni la desilusión ni mucho menos el dolor deberían ser ocultados. Por eso los porté orgullosa este día, y brillaron con su magnitud desde temprana la noche.

Sólamente así se recupera ese otro lado donde me gusta tanto brillar.