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domingo, 10 de enero de 2010

Agua pasa por mi casa

Por fin pude bañarme hasta las tres y media de la tarde. No sé cuánto tiempo habré transcurrido en el baño, la cosa es que salí con los dedos de pies y manos hechos pasita. Y es que el viernes, Saltillo se convirtió en la ciudad más atascada del país: a la mayoría de los habitantes se nos congeló el agua de los tinacos, y quienes sí tenían la oportunidad de darse un delicioso baño, omitieron hacerlo porque el frío arreció con -8ºC.

Me dí cuenta de lo anterior porque tuvimos en casa varias llamadas de gente desconsolada que tuvo que lavar sus trastes con agua purificada (los más afortunados). Y acabé de comprobarlo hace rato cuando fui al súper y me encontré a muchas familias recién bañadas y uno que otro cochino que olía a fábrica todavía: digo, si la cosa es demostrar que el ser humano es el más pestilente de todos los animales de la creación, lo consiguieron.

Para colmo, un tubo que se conecta con el tinaco se rompió y el plomero encargado de hacerme el favor de soldarlo me cobró caro el chistecillo: $620.00 más los pinches madres y chingados que venían con el paquete.

Afortunadamente esta pesadilla ya pasó, y el carnal terminó recubriendo, como cada año, los tubos (de la casa, ¿eh?). Estoy a dos meses de que acabe el invierno y me siento optimista por ello, casi-casi como los de Hacienda y el Banco de México.

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