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sábado, 25 de julio de 2009

El arribo de Sabaska

Llegaste a las diez de la noche en punto del viernes 24 de julio, justo antes de darme el tiro de gracia por un día tan gris. Ya sabía que vendrías, que esa casa de dos pisos no estaría mucho tiempo sin tu vibra de samoyedo con cara de inglesa guapetona.

Y todo por Wolfy, nuestro célibe, fiel, besucón y peludo-samoyedo-ojiazul perro de cuatro años y un tercio.

Te pusieron Sabaska, porque mi hermana -tu nueva dueña- recordó que yo le sugerí ese nombre cuando por fin llegaras. No sabes lo que batallamos para hallarte, las modas perecen y las hembras de tu raza se extinguen con el frenesí capitalista. Y mi hermana, la que muestra más frecuentemente su mezcla alemán-irlandés por excelencia, se negaba a cruzar a tu futuro semental con otra perrita que no fuera de su clan.

Sabaska significa "perrito" en ruso. Lo saqué de mi película favorita, Ojos Negros... con el tiempo te darás cuenta que debajo de este ser malhablado, rebelde y valemadrista se esconde una personita que es una llorona de clóset, una nostálgica que no sabe vivir en la época en la que cayó. La protagonista tenía un perrito y le llamaba Sabaska. Su voz -la de la protagonista, no la del animalito- era tan peculiarmente agradable a mis oídos que recuerdo muy bien por qué amé esa película triste desde que tenía diez años: rezaba el Ave María con la piedad de pocas mujeres y al final -ahora lo entiendo- hizo una vida materialmente feliz e inmensamente pobre de amor recíproco.

Sabaska era la conexión entre el protagonista y su amada. A mí me suena a campo de flores de Siberia y al alterego de Alushe, el enanito disfrazado de muñeco peludito que salía con Capulina.

Tienes los ojos azules y el pelo como de helado de vainilla con miel. Dicen que no eres querendona pero a mí me lamiste las manos. Y hasta sentí que podía ser buena cuidadora de perros -siempre y cuando no te metas a mi lavandería, claro- porque tu mirada mató al dragón que llevo dentro. Ladras como si fueras Juana Gallo y me imagino al pobre de mi Wolfy convertido en tu esclavo. Pero eso es perfecto: a los machos hay que traerlos cortitos (lo cual no sé hacerlo muy bien que digamos) para que vean quién manda -los dos, claro... ¿acaso crees que soy feminista? Nah, eso déjaselo a las tontas que son inseguras con su género-. También tienes dos meses y eres de Guadalupe, Nuevo León.

Dicen que la casa donde vivirás apenas los cubre a Wolfy Cabeza de león (¿a poco no es un hermoso, guapo y felino perro blanco de ojo azul?), pero es que nada se compara con ver los sillones de mi hermana llenos de pelos -y yo quitándoselos de la ropa que le doblo de vez en cuando- y a mi cuñado sudando la gota gorda mientras los baña. Y qué decir de las gracias que harán, incluyendo cachorros que parecerán bolas de nieve en suelo seco que llegaron para quedarse.

No me extiendo más: eres un can y no sabes leer. Pero tu arribo debía quedarse grabados en los anales de este blog sinsentido, acaso porque es mío, acaso porque vivo en el postmodernismo, acaso por el clima o porque sí.

Bienvenida, Sabaska.

2 comentarios:

Adriana Meza dijo...

Muy bueno el de la luna, dar esos pequeños saltos cuesta una vida, en el teatro y en cualquier lugar

saludos

Adriana

Marlén Carrillo Hernández-Ferman dijo...

Hola, Adriana con Botas!

Cuándo nos veremos?

Slaudos, gracias por tus comments!