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jueves, 2 de julio de 2009

Sorpresa, sorpresa...

Fui por un dolor de muelas y acabé con una endodoncia. Más tarde, me di cuenta que erré la profesión: ganas más dinero por taparte una caries que por arreglar un problema. Ya se ve que todo esto es parte del postmodernismo. Lástima que lo haya aprendido a estas alturas de mi idealismo gótico sensorial (no soy nada de eso, pero se oye bien "subrealista", ¿a poco no?). Acabé como Rocky Balboa: la boca toda hinchada, hablando chistoso, tirando sin querer el agua de enjuagarse. Y eso que a mi dentista le gustaron mis dientes... Una disculpa para Luis Gatica, me asaltaron los taladros dentales y ya no pude llegar al taller...

2 de julio me recuerda al principio de un cuento triste. Son 9 años y yo no veo ningún cambio... Mejor vayámonos a la primera playa imaginaria que nos asalte la corteza cerebral.

2 comentarios:

Mo Ka Hammeken dijo...

Si, yo también odio a esos sádicos. Son la mano que no siente del diablo, pues te meten unos jalones unos estirones y unos trancazos, pero a todo eso te dicen " ¡ay!, que delicada, ni se siente nada"

Eso si, el código de ética no creo que ni lo conozcan. Son terribles e implacables.

Un saludo, y espero que te recuperes pronto

Marlén Carrillo Hernández-Ferman dijo...

Gracias Mo Ka... ya esoty mejor, aunque traje migraña todo el día. Supongo que es normal, no todos los días te matan un nervio conectado a tu muela.

Malditos dentistas... pero ¡ah, cómo hacen falta!

Feliz sabaducho chucho.