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martes, 19 de mayo de 2009

Una de Jacques Cousteau

En las pgofundidades de la ciudad con nombge idéntico al de otgas siete ciudadés, un señog con sombgego insiste en que es imposible buscagse a sí mismo si no se ha pegdido aún.

Y una joven guespondoná l'espeta si alguna vez se sintió solo en este univegso y no le diegón ganas de comegse la Vía Láctea con una concha de chocolaté...

-Se perdió la señal, mamá, ahora no podré saber si los de la tierra azul de enfrente encontraron el fin último de sus vidas, que es vivir y comprar a crédito con Dios un día de infinita tranquilidad -dijo la niña de tres cabezas mientras se comía, en este orden, y también al revés, pero nunca del dos hacia los extremos: un helado de chocolate, una paleta de mora verde y un sueño de lágrimas de cocodrilo.

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Y todo esto sólo para hacerlos reír en martes... Páguenme con una sonrisita, ¿no?

Un beso.

4 comentarios:

Marcelo Dance dijo...

No sé que tomaste antes de escribir esto, pero yo quiero lo mismo! :D

Marlén Carrillo Hernández-Ferman dijo...

Tomé amor a la vida, Marcelo, amor en tiempos de odio.

Abrazos.

mike dijo...

sonrisotas siempre que te leo Marlencilla

Besos ma cherie

Marlén Carrillo Hernández-Ferman dijo...

Ooh!, gracias, Mike! Sonrisas cuando me escriben a este blogsucho.